Lee las siguientes fábulas y piensa en una posible moraleja para cada una de ellas. Puedes escribirla en tu cuaderno o comentarla aquí en el blog.
EL LEÓN Y EL RATÓN
Había una vez un ratón que estaba preso entre las garras de un león. El ratoncillo no estaba así por haberle robado comida al león, sino porque estaba jugando y merodeando por donde el león estaba durmiendo, y claro, éste, molestado, por no poder descansar, apresó al ratón.
El ratón, al verse preso, le pidió disculpas al león por haberle molestado, y éste, conmovido, lo perdonó.
Pasado un tiempo, estando el león cazando, cayó en una trampa: una gran red que había escondida entre la maleza. Quiso salir, pero la red se lo impedía ; entonces, empezó a rugir con fiereza pidiendo auxilio. El ratón, al oír sus rugidos, sin pensarlo dos veces, fue hacia el sitio donde se hallaba el león preso y comenzó a roer la red. Así consiguió romperla y pudo liberar al león.
F. M. de Samaniego (adaptación)
EL AVE EXTRAORDINARIA
LEONARDO DA VINCI
Hace mucho tiempo, un viajero recorrió medio mundo en busca del ave extraordinaria.
Aseguraban los sabios que lucía el plumaje más blanco que se pudiera imaginar.
Decían además que sus plumas parecían irradiar luz, y que era tal su luminosidad que nunca nadie había visto su sombra.
¿Dónde encontrarla? Lo ignoraban. Desconocían hasta su nombre.
El viajero recorrió el bosque, la costa, la montaña.
Un día, junto al lago, distinguió un ave inmaculadamente blanca.
Se acercó con sigilo, pero ella sintió su presencia y levantó vuelo.
Su sombra voladora se dibujó sobre las aguas del lago.
"Es sólo un cisne" se dijo entonces el viajero, recordando que el ave extraordinaria no tenía sombra.
Algún tiempo después, en el jardín de un palacio, vio un ave bellísima.
Estaba en una gran jaula de oro y su plumaje resplandecía en el sol.
El guardián del jardín adivinó lo que pensaba y le advirtió:
-Es sólo un faisán blanco, no es lo que buscas.
El viajero incansable recorrió muchas tierras, países, continentes...
Llegó hasta el Asia y allí, en un pueblo, conoció a un anciano que dijo saber dónde se encontraba el ave extraordinaria.
Juntos escalaron una montaña.
Cerca de la cumbre, vieron al gran pájaro incomparable.
Sus plumas, esplendorosamente blancas, irradiaban una luz sin igual.
-Se llama Lumerpa -dijo el anciano-. Cuando muere, la luz de su plumaje no se apaga. Y si alguien le quita entonces una pluma, ésta pierde al momento su blancura y su brillo.
Allí terminó la búsqueda.
El viajero volvió a su tierra, feliz, como si una parte de aquel resplandor lo iluminara por dentro.
Y aseguró que el plumaje de Lumerpa era como la fama bien ganada y el buen nombre y honor...
El hombre y la hormiga
Se fue a pique un día un navío con todo y sus pasajeros, y un hombre, testigo del naufragio, decía que no eran correctas las decisiones de los dioses, puesto que, por castigar a un solo impío, habían condenado también a muchos otros inocentes.
Mientras seguía su discurso, sentado en un sitio plagado de hormigas, una de ellas lo mordió, y entonces, para vengarse, las aplastó a todas.
Se le apareció al momento Hermes, y golpeándole con su caduceo, le dijo:
-Aceptarás ahora que nosotros juzgamos a los hombres del mismo modo que tu juzgas a las hormigas.

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